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Sun Tzu y la reforma de la casación

Sun Tzu y la reforma de la casación

  • 12/07/2018

“Cuando eres capaz de ver lo sutil, es fácil ganar”, dice Sun Tzu en el Arte de la guerra. Este célebre general dio la vuelta al ideal de estrategia militar. Para él, las buenas victorias son las que se consiguen antes de pisar el campo de batalla. Una victoria que cualquiera puede conseguir no tiene mucho mérito. Por eso, un buen estratega es aquél capaz de “ver el mundo de lo sutil” y “alcanzar la victoria donde no existe forma”.

En algunas batallas judiciales es absolutamente necesario dominar el arte de lo sutil. El caso más claro son las batallas a las puertas del Tribunal Supremo. El recurso de casación requiere el uso de una técnica especial y exige el cumplimiento de unos requisitos de forma rigurosos. Por eso, en estas contiendas es donde más se necesita un estratega que sea capaz de encontrar un camino hacia la victoria cuando todo parece perdido.

Y esta capacidad para ver lo sutil va a ser cada vez más necesaria. La modificación del sistema de casación civil se ha colado en la reforma de la ley procesal por la gatera de las enmiendas. En medio del debate parlamentario sobre las costas, el Congreso ha aprovechado para hacer la revolución pendiente. El cambio propuesto es de gran calado. La reforma concentra en el recurso de casación la infracción de normas sustantivas y procesales y universaliza el interés casacional como único motivo de acceso al Supremo. Se suprime, por tanto, el recurso extraordinario por infracción procesal y se cierran las vías de acceso reservada a los pleitos de gran cuantía (más de 600.000 euros) y los pleitos sobre derechos fundamentales (honor, intimidad y propia imagen).

En mi opinión, al margen de detalles discutibles, la reforma avanza en la buena dirección. Se suprime el privilegio injustificado a los “litigantes ricos” y el anacronismo de los pleitos de honor. Como contrapunto, ahora se podrá recurrir no sólo contra las sentencias, sino también contra los autos de las Audiencias Provinciales. También se ensancha la base del interés casacional. Se mantiene la existencia de interés casacional cuando la resolución se oponga a la jurisprudencia del Tribunal Supremo (o TSJ) o haya pronunciamientos contradictorios entre sentencias. Y se amplía a las cuestiones litigiosas en las que no exista jurisprudencia o sean de interés general para la interpretación uniforme de la ley. Atrás queda el interés casacional por vulneración de preceptos que llevan en vigor menos de cinco años. Este límite temporal no dejaba de tener un punto de arbitrariedad. Con el nuevo texto, lo importante pasa a ser la inexistencia de doctrina sobre la materia, con independencia de la antigüedad de la norma aplicable.

Según lo expuesto, el recurso de casación quedará abierto a más tipos de asuntos civiles, mercantiles y procesales por la vía del interés casacional. Pero no a todos los que sería deseable. Es cuestionable la exclusión del acceso a la casación de las resoluciones que tengan carácter incidental o cautelar y las que no impidan un procedimiento posterior con el mismo objeto. Y también el descarte, con alguna excepción, de las resoluciones dictadas en procesos de ejecución. Por último, en mi opinión, la reforma debería eliminar el catálogo de materias excluidas contenido en la ley concursal. Estas exclusiones no son coherentes con la filosofía de la reforma. Sólo se explican por el estado de necesidad en el que vive la Sala Civil: cada año sus diez magistrados tienen que hacer frente a un alud de unos cuatro mil recursos.

La misión del recurso de casación es uniformar el derecho y asegurar su aplicación igual para todos. El Tribunal Supremo está decidido a convertirse en el tribunal de la seguridad jurídica. Para ello, busca centrar su actividad en las materias que tengan un verdadero interés casacional para la formación de jurisprudencia. La reforma proyectada apunta en este sentido y se acerca al modelo de casación implantado en la sala contencioso-administrativa.

Pero para que un modelo de casación funcione no basta con que su regulación sea más o menos correcta. El sistema de admisión también es esencial. En este punto, para que la Sala Primera se convierta verdaderamente en el garante del ordenamiento es necesario evitar el hiperformalismo y poner el foco de análisis de los recursos en la acertada identificación del problema jurídico que encierra el caso. Y, hoy por hoy, esto exige un cambio de cultura de todos los operadores jurídicos.

Si la reforma prospera y se suprimen las vías privilegiadas, en la mayoría de los litigios la casación no estará excluida, pero tampoco asegurada. La clave de la victoria estará en encontrar el interés jurídico de la controversia. En algunos casos podrá ser muy evidente para cualquier abogado, pero en la mayoría de ocasiones se requerirá un ojo experto. Y aquí es donde cobrará valor la habilidad para ver lo sutil de la que hablaba Sun Tzu.

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